Vida y obra de un chiste malo: Mi Querido, Desconocido, Aparejador...: Coloco este texto aquí, porque probablemente sea uno de esos textos que tendré que leer y releer miles de veces para que no se me olvide lo ...
"Me han encomendado, querido aparejador, arquitecto técnico, que te escriba una carta. "Yo no sé nada de su mundo", repliqué. Y algunas personas, que están enamoradas de tu oficio, me sedujeron: "Son quienes ponen en pie, a pie de obra, nuestros sueños". Y me introduje en tu vida. Y, después de ver tu trabajo, puedo decir, como el primer gobierno socialista ante la Guardia Civil: "eres mi gran descubrimiento".
Perdóname. Yo era de los incultos que te veía como un auxiliar del arquitecto. Sígueme perdonando. Yo, cegados mis ojos en otras contemplaciones, te veía siempre como "número dos". Y no lo eres. Ahora sé que eres el que hiciste posible esta casa donde vivo, este edificio donde trabajo, aquel restaurante donde almuerzo, el hotel donde me hospedo. Eres el que has dirigido la ejecución material de las obras; el que has vigilado la seguridad en el proceso de construcción; el que has conseguido todo lo que me rodea: la cimentación, los materiales, la estructura, la comodidad, la estética...
Aparejador, arquitecto técnico.., unos treinta mil en España. Con todas las variedades profesionales. Te he encontrado como profesional liberal. Como funcionario en las administraciones públicas. Como empleado de una constructora. Como miembro de un equipo técnico. Pero ¿qué me importa la forma de realizar tu trabajo? ¿Qué me importa dónde estés? Sé que hay en tí una sublime mezcla de técnica y de arte. Sé que en tu alma anida, en combinación que me parece imposible, el instinto del artista, el cálculo matemático, el espíritu del científico, el ansia de utilidad del servidor público.
La carta que te escribo sólo quiere rendirte homenaje. Sólo quiere pregonar a quien me lea que te he descubierto de forma injustamente tardía. Y he descubierto -me obsesiona esa idea- al autor de un milagro: el milagro de la construcción, que, por tenerlo tan cerca, nunca supe apreciarlo.
Salgo a la calle, veo las casas que se levantan en el paisaje urbano, las otras que están remodelando. Veo los monumentos en restauración, la conservación de nuestro patrimonio. Veo la casa más modesta y el edificio histórico que debemos conservar. Veo la aspiración de la pareja que busca un hogar mínimo y el palacio declarado de interés histórico. Veo la casa grande, de portada de revista, y esa vivienda mínima cuyo derecho proclama la Constitución. Y detrás de todo eso, haciéndolo posible, estás tú.
¿No te parece un milagro? A mí me lo pareció, y por eso lo quiero proclamar. ¿Cuántos milagros como ésos habrán salido de tu imaginación, de tus manos, de tu vigilancia y control? Todos. Y sin embargo, nadie valora al artista que tiene tan cerca. Estás ahí, como la luz eléctrica, como la luz del sol, como el amanecer. Veo tu nombre en los carteles de las obras y me parece de ritual. Pero tienes un rostro. Y una extraordinaria capacitación. Y muchas horas de esfuerzo. Y mucho oficio, aparejador. Y has sido, en efecto, el que has puesto mis sueños en pie. Sueños que puedo tocar. Sueños que me dan cobijo, sueños que me hacen sentirme seguro. Por todo ello, te saluda con afecto. Con admiración. Con reverencia.
Fernando Ónega"